Esperaba la luz verde en la esquina de la avenida.
Miraba a su alrededor, lentamente y con desgano. Eran las
cinco de la tarde. Lo vi desde la ventana del café. Cruzaba a paso lento,
encorvado, como si cada paso fuese un lamento inevitable. Me lo imaginé en su
cama tirado, mirando al techo horas sin hacer nada, maldiciendo tal vez, o
mirando una comedia sin reír, odiando su cama, su techo y el día.
Entró al café, se acercó hasta la mesa, dijo “hola”
secamente, sin sonrisa, sin un beso (no lo esperaba), se sentó, levantó su pesado
brazo para llamar al mozo, miró de reojo mi café para asegurarse de que todavía
no me lo hubiera terminado, pidió una lágrima. Tomé aire y suspiré lentamente,
sabía que el encuentro sería acotado como cada uno de ellos, aunque silencioso
y casi insoportable, luego de unos minutos acabaría y todo volvería a la
normalidad.
Le pregunté cómo estaba, y Sebastián frunció el entrecejo,
al mismo tiempo asintió y me dijo “bárbaro”. Durante unos segundos me quedé
mirando por la ventana mientras que él veía la televisión que colgaba de una
pared, tomando su lágrima lentamente, sin decir una palabra. Le entregué un
sobre con su parte del alquiler del departamento heredado por nuestros padres.
Cuando Sebastián tenía 20 años se fue de casa a vivir con un
amigo en Villa Crespo, mientras trabajaba en un lavadero de autos y estudiaba economía.
Luego trabajó para el Estado de cadete y dejó la universidad. Mas tarde vivió
con una novia, tuvieron un hijo y se separaron, él se fue a vivir a una
pensión, luego con otra novia y creo que hasta hoy sigue allí. Tiene 32 años
pero parece mayor, no sé si tiene amigos, los que tenía años antes hoy no saben
nada de él. Yo tampoco se mucho más, aunque intenté acercarme, nada funcionó.
Terminó su café, me dijo mientras se levantaba de la silla “bueno
Marina, el mes próximo te llamo, chau”. Abrió la puerta y salió. Mientras lo
veo alejarse, una vez más, me hago preguntas que se anudan incomprensiblemente
con los recuerdos y las culpas y los muertos y los intereses y los reclamos y los
gritos. Me retiro del café, me digo que lo intenté, y que las respuestas no las
tengo.
Cony
01/09/13
01/09/13
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