Se dispuso a abrir la persiana que la separaba del ventanal
de la sala. El viento soplaba en ráfagas intermitentes y el olor a lluvia se
presentaba con certeza de refrescar la tarde calurosa.
Caen gotitas. Imaginó el pasto contento, observó las flores
tiritantes bajo la lluvia que iba en aumento.
Va y viene, en suave cantar por la sala “esa lluvia no es
como cualquiera” pensó, “tiene un ritmo que te hace bailar en la silla” chiqui
chiqui bum bum…chiqui chiqui bum suena despacito y…plish! Sobre la chapa. Los
muchos ruidos juntos y voces de mujeres provocaron el inicio del baile. Apartó
su paraguas negro, ya no pensaba salir, felizmente.
Transcurrieron algunos cuartos de hora antes de que los
punch, tum chac y las voces, juntos, apaciguaron. Aquellos sonidos dulces, chiquititos, lograron
cerrar aquella ilusión equívoca, dieron con lo nuevo.
Cony
25/08/13
25/08/13
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