En lo profundo del arrecife podía danzar entre corales y peces pequeños, grandes, y más grandes que mi cuerpo. Me soprendí al al ver mi pie izquierdo desprotegido. Me faltaba mi pata de rana. No podía andar asi y me di cuenta de que no me di cuenta en el momento en que se me salió, e intuí que mi pata de rana ya estaría muy lejos. Una mujer vino en mi auxilio. Me tomó de la mano y me llevó a través de una puerta vidriada, ya fuera del agua, en una sala en la que había una cinta como las de los aeropuertos, con un scanner, y un joven sentado al lado, La mujer puso mi única pata de rana sobre la cinta, yo pasé del otro lado de la puertita. Ese era el acceso al mar nuevamente. La mujer puso otra pata de rana. diciéndome -que bueno que la encontramos-. Un poco me alegré por el hallazgo de mi herramienta de buceo y podría regresar al mar. Pero me dijeron que no. Que mi tiempo se había agotado. El tiempo permitido eran 30 minutos y ya quedaban unos pocos que no eran suficientes como par...