Y como una revelación surgieron todos los recuerdos. Se congelaron mis venas. Camino alrededor de la habitación, en círculos. En cada vuelta me miro al espejo, como si intentara volver a ver quién soy, como para reconocerme una vez más. Observo nuevamente el boleto; ese del bolsillo del saco guardado dentro de una bolsa, en el estante de arriba, en la baulera de la casa de mi abuela. Al subir a aquel tren desde Amewch hasta Bangor, la despedida estaba cargada de esperanza. Durante mucho tiempo pensé que lo volvería a ver. La distancia y el tiempo, cuando van unidos, provocan desgracias como la nuestra. Es que no tuve el valor de dejar todo y regresar. Vuelvo al espejo. Miro en lo profundo. Dejo de caminar. Cony 20/01/14