En lo profundo del arrecife podía danzar entre corales y peces pequeños, grandes, y más grandes que mi cuerpo.
Me soprendí al al ver mi pie izquierdo desprotegido. Me faltaba mi pata de rana.
No podía andar asi y me di cuenta de que no me di cuenta en el momento en que se me salió, e intuí que mi pata de rana ya estaría muy lejos.
Una mujer vino en mi auxilio. Me tomó de la mano y me llevó a través de una puerta vidriada, ya fuera del agua, en una sala en la que había una cinta como las de los aeropuertos, con un scanner, y un joven sentado al lado, La mujer puso mi única pata de rana sobre la cinta, yo pasé del otro lado de la puertita. Ese era el acceso al mar nuevamente. La mujer puso otra pata de rana. diciéndome -que bueno que la encontramos-. Un poco me alegré por el hallazgo de mi herramienta de buceo y podría regresar al mar.
Pero me dijeron que no.
Que mi tiempo se había agotado. El tiempo permitido eran 30 minutos y ya quedaban unos pocos que no eran suficientes como para volverme a calzar, zambullirme y regresar.
Protesté, porque se me había salido porque me dieron mal el numero, yo calzo 36 y cómo no tenían ese, me dieron 37. Además, nadie me había dicho que eran sólo 30 minutos!
No hubo caso. Mi enojo no me dejaba expresar toda la indignación que sentía. solo movía la cabeza y me ponía colorada. Girando sobre mi eje pude ver a mas gente que trabajaba en esa compañía de buceo, que ya estaba a punto de cerrar. Iban dejando poco a poco sus puestos de trabajo libres. Quería gritar pero de mi voz sólo salía un su susurro. Pero no iba a quedarme con los brazos cruzados. Nunca lo podía hacer ante semejante injusticia. Entonces se me ocurrió esconderme y planificar un ataque a modo de reprimenda.
Me quedé bajo un escritorio, se habían ido todos. Y yo con mi cansancio de todo el día, me quedé profundamente dormida cuando se hizo el silencio.
Por la madrugada desperté cuando abrió la puerta una señora. Me asusté pensando que me iba a descubrir. Me vio, pero no dijo nada. Habría pensado que soy del lugar.
Se me ocurrió como reprimenda, desenchufar las computadoras, quitar los cables, para que no pudieran avanzar con el trabajo al menos durante la jornada de hoy, luego de que me hicieran tan mala pasada. Mientras hacía esto, una voz de hombre que se acercaba a la puerta. Me dí cuenta de que era el dueño de la empresa. Sólo llegó a la puerta. le indicó algo a la señora de la limpieza, yo me escondí aunque podía desde ese escritorio espiar lo que sucedía. La señora me vió espiando, abrió los ojos y la boca a la vez, empezaba a cambiar la cara a enojo. El dueño aunque no me vio, la cara de la señora y que no le prestase atención, hizo que refunfuñe como un niño, con los puños al costado del cuerpo y un poco inclinado rechinando los dientes, dio media vuelta y se fue.
Me inquietó no saber si se tenían confianza, si se conocerían mucbo o poco, hace cuánto esta señora señora estaria trabajando allí. Y sobre todo, si el hombre imaginó la presencia de un tercero y volvería.
Cambié de estrategia. Salí de mi escondite, Le dije a la señora que estaba allí haciendo un trabajo y estaba avergonzada porque debí hacerlo el día anterior, que no quería comprometerla, que no se preocupara, que me faltaba completarlo y me iría pronto e inmediatamente después me iría a hablar con el patrón - aunque de saber el nombre hubiese sido más conviencente. Si era el apodo, mejor -.
No me quedó otra opción al terminar, que salir por la misma puerta que había pasado el hombre.
Allí había un pasillo. Las paredes estaban cubiertas de azulejos celestes con círculos de colores pegados. Varios pasos adelante, otra entrada, con cortina de tiras plásticas coloridas. Ya del otro lado pude escuchar un sonido de ducha a mi derecha.
Delante mío casi en paralelo, una mesada de cocina, de mármol gris y madera debajo, un termotanque colgado al final pasando una alacena de madera azul. A la derecha en el mismo ambiente, una cama matrimonial en la que una mujer de unos 40 años, obesa, en camisón y despeinada estaba recostada, despierta. enferma.
En el piso, una nena jugando.
El ambiente era en forma de L y a la derecha de esa cama, habia una cucheta y una cuna con un bebé.
Todos en esa casa estaban pálidos.Todos con una blancura en la piel que no se podía distinguir si eran albinos o estarían afectados por una peste incurable.
Nos miramos con la mujer. Comenzó a sonar el hervor del agua en la pava.
El dueño gritó desde la ducha -Ya salgo querida, no te levantes que ahora voy!- y le dije a ella -Yo me encargo. Ella gritó -Ya está Juan, tomate tu tiempo!
Una de las nenas se me acercó y me dijo -Me hacés un té? -Si, vamos- Le dije.
Le llavé a upa, saqué la pava del fuego, le serví el té, esperé que se enfríe un poco, se lo di.
Me dijo -Yo tomo dos tés solos y dos tés con leche todas las mañanas. Mostrándome los dos dedos.
Todos en la casa sonrieron al ver mi cara de sorpresa. La mujer dijo -Si, ella tiene que tomar todas las mañanas sus dos tés solos y sus dos tés con leche.
Desde ese día, le preparo el té, y desde ese día me puedo ver los pies.
2015
Me soprendí al al ver mi pie izquierdo desprotegido. Me faltaba mi pata de rana.
No podía andar asi y me di cuenta de que no me di cuenta en el momento en que se me salió, e intuí que mi pata de rana ya estaría muy lejos.
Una mujer vino en mi auxilio. Me tomó de la mano y me llevó a través de una puerta vidriada, ya fuera del agua, en una sala en la que había una cinta como las de los aeropuertos, con un scanner, y un joven sentado al lado, La mujer puso mi única pata de rana sobre la cinta, yo pasé del otro lado de la puertita. Ese era el acceso al mar nuevamente. La mujer puso otra pata de rana. diciéndome -que bueno que la encontramos-. Un poco me alegré por el hallazgo de mi herramienta de buceo y podría regresar al mar.
Pero me dijeron que no.
Que mi tiempo se había agotado. El tiempo permitido eran 30 minutos y ya quedaban unos pocos que no eran suficientes como para volverme a calzar, zambullirme y regresar.
Protesté, porque se me había salido porque me dieron mal el numero, yo calzo 36 y cómo no tenían ese, me dieron 37. Además, nadie me había dicho que eran sólo 30 minutos!
No hubo caso. Mi enojo no me dejaba expresar toda la indignación que sentía. solo movía la cabeza y me ponía colorada. Girando sobre mi eje pude ver a mas gente que trabajaba en esa compañía de buceo, que ya estaba a punto de cerrar. Iban dejando poco a poco sus puestos de trabajo libres. Quería gritar pero de mi voz sólo salía un su susurro. Pero no iba a quedarme con los brazos cruzados. Nunca lo podía hacer ante semejante injusticia. Entonces se me ocurrió esconderme y planificar un ataque a modo de reprimenda.
Me quedé bajo un escritorio, se habían ido todos. Y yo con mi cansancio de todo el día, me quedé profundamente dormida cuando se hizo el silencio.
Por la madrugada desperté cuando abrió la puerta una señora. Me asusté pensando que me iba a descubrir. Me vio, pero no dijo nada. Habría pensado que soy del lugar.
Se me ocurrió como reprimenda, desenchufar las computadoras, quitar los cables, para que no pudieran avanzar con el trabajo al menos durante la jornada de hoy, luego de que me hicieran tan mala pasada. Mientras hacía esto, una voz de hombre que se acercaba a la puerta. Me dí cuenta de que era el dueño de la empresa. Sólo llegó a la puerta. le indicó algo a la señora de la limpieza, yo me escondí aunque podía desde ese escritorio espiar lo que sucedía. La señora me vió espiando, abrió los ojos y la boca a la vez, empezaba a cambiar la cara a enojo. El dueño aunque no me vio, la cara de la señora y que no le prestase atención, hizo que refunfuñe como un niño, con los puños al costado del cuerpo y un poco inclinado rechinando los dientes, dio media vuelta y se fue.
Me inquietó no saber si se tenían confianza, si se conocerían mucbo o poco, hace cuánto esta señora señora estaria trabajando allí. Y sobre todo, si el hombre imaginó la presencia de un tercero y volvería.
Cambié de estrategia. Salí de mi escondite, Le dije a la señora que estaba allí haciendo un trabajo y estaba avergonzada porque debí hacerlo el día anterior, que no quería comprometerla, que no se preocupara, que me faltaba completarlo y me iría pronto e inmediatamente después me iría a hablar con el patrón - aunque de saber el nombre hubiese sido más conviencente. Si era el apodo, mejor -.
No me quedó otra opción al terminar, que salir por la misma puerta que había pasado el hombre.
Allí había un pasillo. Las paredes estaban cubiertas de azulejos celestes con círculos de colores pegados. Varios pasos adelante, otra entrada, con cortina de tiras plásticas coloridas. Ya del otro lado pude escuchar un sonido de ducha a mi derecha.
Delante mío casi en paralelo, una mesada de cocina, de mármol gris y madera debajo, un termotanque colgado al final pasando una alacena de madera azul. A la derecha en el mismo ambiente, una cama matrimonial en la que una mujer de unos 40 años, obesa, en camisón y despeinada estaba recostada, despierta. enferma.
En el piso, una nena jugando.
El ambiente era en forma de L y a la derecha de esa cama, habia una cucheta y una cuna con un bebé.
Todos en esa casa estaban pálidos.Todos con una blancura en la piel que no se podía distinguir si eran albinos o estarían afectados por una peste incurable.
Nos miramos con la mujer. Comenzó a sonar el hervor del agua en la pava.
El dueño gritó desde la ducha -Ya salgo querida, no te levantes que ahora voy!- y le dije a ella -Yo me encargo. Ella gritó -Ya está Juan, tomate tu tiempo!
Una de las nenas se me acercó y me dijo -Me hacés un té? -Si, vamos- Le dije.
Le llavé a upa, saqué la pava del fuego, le serví el té, esperé que se enfríe un poco, se lo di.
Me dijo -Yo tomo dos tés solos y dos tés con leche todas las mañanas. Mostrándome los dos dedos.
Todos en la casa sonrieron al ver mi cara de sorpresa. La mujer dijo -Si, ella tiene que tomar todas las mañanas sus dos tés solos y sus dos tés con leche.
Desde ese día, le preparo el té, y desde ese día me puedo ver los pies.
2015
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