Cada día, al despertarme, trato de meditar. Primero desayuno un café o un mate, me ducho algunos días y otros no. Pero...por lo general, no llego al momento de la meditación.
Se despierta Santi, aunque no hayamos dormido en la misma cama, se despierta y sale de la habitación, por mas temprano que sea, no llego a el momento de meditar.
Me ve y me sonríe, le sonrío, lo abrazo y me abraza. Me siento en el sofá con lentitud y con toda la parsimonia se acurruca en mi pecho con una expresión tan regocijante que me contagia. Me dice "que nino" y me abraza más fuerte, le respondo "que lindo" y lo abrazo un poquito más fuerte.
Esa es mi meditación diaria. Me quedo 5 minutos con él, así, abrazándonos, solo sintiéndonos y amándonos de la mejor manera.
Se despierta Santi, aunque no hayamos dormido en la misma cama, se despierta y sale de la habitación, por mas temprano que sea, no llego a el momento de meditar.
Me ve y me sonríe, le sonrío, lo abrazo y me abraza. Me siento en el sofá con lentitud y con toda la parsimonia se acurruca en mi pecho con una expresión tan regocijante que me contagia. Me dice "que nino" y me abraza más fuerte, le respondo "que lindo" y lo abrazo un poquito más fuerte.
Esa es mi meditación diaria. Me quedo 5 minutos con él, así, abrazándonos, solo sintiéndonos y amándonos de la mejor manera.
Comentarios
Publicar un comentario