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Actitudes que hacen la diferencia

Ayer una compañera entró en la oficina, con la actitud de siempre, pero exacerbada.
Era como si se llevara el mundo por delante.
Sin mirarme, saludando con la frente en alto, sin mirar a nadie. Revoloteando las llaves enganchadas en su dedo índice, giréndolas y golpeándolas contra la palma.
Y honestamente es una persona que no me agrada. Pero soy amable con ella, o trato de serlo. Hace una semana le hice un chiste, pensado, acerca de sus enojos, porque no soportó un chiste de un compañero y creó una situación de mierda.
Creo que lo tomó bien el chiste pero no sé, luego me hice un auto bulling como para descomprimir la situación.

Y anoche me acordé, así de la nada, de una persona que conocí hace muchos años, y particularmente de una situación: Fue hace unos 18 o 19 años atrás, así que no recuerdo del todo bien.
Yo estaba en la panadería de mi padre.
Entró este chico que conocía del barrio,  que tendría un año más que yo, de familia de poder, creo que eran abogados o jueces, y aunque se juntó con "lo pibe del barrio" parecía que siempre se sentía sapo de otro pozo, se sentía como humillado. Yo creo que siempre lo traté normal pero con distancia porque era tímida en ese entonces.con una sonrisa y tranquila, un poco contenta. se puso a mirar todo el local como estudiando no se que cosa. Él era morocho, mas bien alto, muy bien vestido, y mejor peinado. Pelo lacio azabache.
Me contó que su padre lo enviaría a estudiar a una muy buena universidad, que sería hombre de negocios, o algo así, no sé bien qué me dijo, le dije que me parecia re bien que le deseo suerte, y luego de terminar de contarme eso, se despidió diciendo algo así como que claramente yo no podría tener un futuro como el suyo,  pareando el local con la mirada, que no sabría nunca lo que es poder, o algo por el estilo. Yo me quedé helada, lo saludé con exrañeza, a medio levantar la mano, sin sonreír, con las cejas fruncidas, mientras salía mirándome como serciorándose de que le viera la sonrisa triunfante por haber cumplido con su deber: Tirarme para abajo y pensar que aunque yo que era buena persona y querida por mis amigues no soy nada a comparación de el chico rico. Envidia y complejo de inferioridad, me dije entonces que sufría el chico. Me lastímó un poco su actitud y no me olvidé la sensación. Me daba pena, con esa actitud nunca podría ser feliz, o sí? Habrá querido irse? Vino hasta el local, sin que fuesemos amigos para eso? Será que le gustaba y estaba despechado?
Nunca lo supe, nunca más lo volví a ver ni saber de él. Menos mal.
La soberbia trastoca la realidad para hacernos sentir un poco mejor. Es una potente forma de mentirnos. Pero puede que nos encontremos con la verdad de forma muy brusca.




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